Las islas te dan colores que no existen en ningún otro lugar, ese flotar en medio de inmensidad, un aire que no choca contra nada y que solo va.
Las lunas de Holbox, lo liviano de sus personajes, la bóveda que esta justo arriba, la que ya no vemos, con estrellas fugaces a las que ya no se les piden deseos.
La isla chiquitita que puedes recorrer en bicicleta, en donde los muertos también nadan en sus colores santos.